viernes, 17 de enero de 2020


ERMITAÑOS - ERMITAÑAS

EN LA IGLESIA DEL SIGLO XXI

CARISMA


Comprendo que puede parecer una frivolidad u osadía hablar de esta vocación religiosa en unos tiempos como los actuales en que las vocaciones y todo lo religioso está, no se puede negar, en franca decadencia… y menospreciado, al menos aquí en Europa.

Incluso, para parte del clero o gente de iglesia...., que puede darles “hasta risa” hablar de esta realidad que es la vocación eremítica en este tiempo.

No obstante esta situación de “crisis grave” para la vida consagrada y de infravaloración manifiesta para las vocaciones religiosas, no obstante... en este tiempo confuso: existen los ermitaños/as,vocación peculiar sin ninguna duda.

Me atrevo a escribir sobre este tema desde mi experiencia personal de toda una vida en esta forma de consagración. Y es desde la experiencia que quisiera reflejar con toda sencillez (porque no lo sé hacer de otra forma) mis vivencias para el conocimiento de personas interesadas o simplemente otras personas que sientan simple curiosidad.

Mis dispensas si no logro ofrecer simplemente eso, una mera información sin ningún otro tipo de interés.


¿QUÉ ES UN ERMITAÑO HOY ?

El eremitismo es una forma de consagración religiosa que se vive con un cierto carácter personal; se puede vivir en solitario pero también en pequeños grupos, incluso mixtos.

En solitario sería la forma más genuina y pura, pero dados los tiempos"malos" actuales a nivel religioso, quizás es más conveniente un cierto grado de compañía o cercanía de otras personas con similares inquietudes incluso con la forma primitiva de "grupo mixto" como ya he dicho, que es compartir lugar con eremitas de ambos sexos que comparten una misma zona o un mismo edificio amplio con espacio para ambos.

En la situación actual de la iglesia, para una persona SOLA, con una vocación eremítica puramente contemplativa puede llegar a ser contraproducente porque su soledad se puede convertir fácilmente en marginalidad. Una persona “marginada” siempre es el objetivo de situaciones desafortunadas y negativas.


EN OBEDIENCIA A LA IGLESIA.

El ermitaño diocesano no es una figura independiente de la Iglesia oficial. Dependemos los ermitaños diocesanos jurídicamente de la Iglesia que nos acepta por medio del canon 603 del Derecho Canónico y estamos bajo la jurisdicción del Obispo correspondiente.

Hacemos los tres votos clásicos de la vida consagrada.

Podemos vivir solos sí, pero no hay, no puede haber, individualismo negativo excluyente en nuestra vocación que quiere SUMAR NO RESTAR a la labor evangelizadora de la Iglesia...


ES UNA FORMA MÁS, DE CONSAGRACIÓN RELIGIOSA.

Es una forma de consagración a Dios ancestral, o sea, anclada en los mismos orígenes del cristianismo. Los eremitas o también llamados anacoretas, siempre han estado presentes en la Iglesia; jamás se disolvieron del todo, ni desaparecieron en toda la larga historia del cristianismo. Estuvieron y están en la iglesia actual 2000 años después de su aparición.

¡¡Son “una vocación rara"!!… Pues sí, lo puede parecer, pero son LEGALES.

¿Somos los eremitas como los “parientes pobres del pueblo” casi olvidados y un poco incómodos para la iglesia? Pues sí, quizás así es… pero no olvidemos que han sido las raíces de la actual vida monacal, mendicante y cenobítica… Muchos de los grandes y famosos monasterios actuales en todo el mundo, tuvieron sus orígenes en una pequeña ermita habitada por un ermitaño (se podían citar muchos lugares así). Incluso la Catedral de Santiago de Compostela, meta de tantos peregrinos de todo el mundo.

Seremos más conocidos o menos conocidos, más apreciados o menos, pero aquí está esta realidad eclesial en el siglo XXI…

Nuestro tiempo no está como para ir “presumiendo” de ser ermitaño/ña... porque te pueden tomar por loco o chiflado. Si dices en cualquier lugar, que eres ermitaño, se te pueden reír y cerrar muchas puertas, con mucha discreción, pero se te cerrarán, incluso las puertas de casas religiosas, parroquiales, obispados… porque piensan qué estás fuera de órbita.


¿LOS ERMITAÑOS ACTUALES DÓNDE ESTÁN O DÓNDE VIVEN?...

Pues… los ermitaños actuales solemos vivir donde podemos, esa es la verdad, siendo este uno de sus principales problemas. En ocasiones nos resulta difícil encontrar un lugar apropiado. Como digo, este es uno de los problemas importantes al que tiene que enfrentarse un ermitaño actual. Puede vivir en una ermita en la montaña, puede ser algún santuario vacío o desatendido, puede ser un convento cerrado, etc., cualquiera de estos sitios o similares lo podemos aprovechar y puede ser nuestro lugar para vivir. Servidor, siempre he vivido en sitios así. Y soy consciente que he prestado un buen servicio, aunque humilde. En el lugar donde he estado: lo he cuidado las 24 horas del día, he hecho el trabajo de mantenimiento en algunos lugares que estaban en abandono, he recuperado jardines, huertas, pintado paredes, arreglado fontanerías y luces, he reconstruido derrumbes, etc.,… ¡¡ tantas cosas !! que sólo Dios lo sabe... y lo más importante he ORADO por mis semejantes, sobre todo los más necesitados, también he alabado y adorado a Dios.

Pero los hombres y mujeres a veces no ven esta labor callada del monje ermitaño.

En todos los casos (esto me ha ocurrido) después de dejarte "la piel" y también tus ahorros, trabajando para recuperar un lugar o una ermita que estaba en abandono total... ha venido el dueño/a y les ha gustado y te ha hecho "la vida imposible" para que te fueras quedando todas la mejoras para el disfrute de ellos, los dueños/as que suelen ser parroquias, frailes o monjas o semejantes...

No obstante estos abusos, el ermitaño a veces prefiere estos lugares en semi-abandono o abandonados como los monasterios porque sabe que ese lugar, ha sido morada por muchos siglos de almas consagradas, dedicadas al servicio del Evangelio y al servicio de Dios, y se suele decir que "donde hubo siempre queda", efectivamente, queda en él, como un halo, un aura, un poso, de espiritualidad, una energía positiva y de gracia, de la cual el ermitaño, consciente de esto, quiere beneficiarse.

Los ermitaños no tenemos estructuras en nuestra vida, eso es cierto. No pertenecemos a ninguna orden o congregación religiosa, y no tenemos las estructuras propias de las comunidades de los monasterios o conventos: nos sobran los horarios, nos sobran los toques de campana, incluso a veces nos sobran los relojes… de este mundo…

Siguiendo el proceso canónico, hacemos la profesión perpetua en manos del obispo del lugar (llegar a la profesión puede tardar unos cinco años). Después nos guiamos por nuestro estatuto personal que el mismo ermitaño se confecciona con unas directrices mínimas y que es aprobado por el obispo. Estos  estatutos serán nuestra regla de vida.

Solemos ir por la vida ligeros de equipaje y nos acoplamos, como he dicho, a cualquier lugar con tal que sea digno y solitario en la medida de lo posible y seamos bien recibidos, que no siempre sucede… Una vez fui a una ermita a vivir, con los permisos debidos legales de la parroquia, y una tarde vinieron unas mujeres del pueblo muy enfadadas aporreando la puerta con gritos, a decirme que me fuera, que me marchara, que allí no querían ermitaños...!! Les dije: señoras no soy un okupa he venido a cuidar la ermita… pero no atendían razones siguieron gritando… (después, con el tiempo, todo se aclaró y me quisieron casi como a un hijo).


CARISMA.

Un carisma religioso es un DON espiritual de Dios a una persona determinada y hay que cuidar siempre esa herencia preciosa que se nos ha legado. Los carismas suelen ser distintos.

Como dice Sta. Teresa de Jesús, “Dios no se muda", Dios no cambia: o sea, el carisma recibido es para siempre, marca a una persona para siempre y ese Don no lo podemos manipular, sería un “pecado”, una deslealtad ante el Señor que sabe el porqué de todas las cosas y el porqué te ha dado a ti ese carisma esa vocación determinada.


TENGAMOS EN CUENTA EL ESPÍRITU DE ESTA VOCACIÓN.

Los ermitaños de los desiertos, en el principio, vivían en cuevas o chozas por Palestina, Siria, Egipto… Se escondían en los agujeros de las peñas donde nadie les pudiera encontrar ni ver. Siempre iban por las sendas más tortuosas, pedregosas y cuanto más estrecho era el camino y más austeras sus vidas más cerca creían estaban de Dios (ciertamente, el Evangelio nos dice: "escoged la senda estrecha… porque anchas son las sendas que llevan a la perdición"…, y eso lo solían cumplir ellos al pie de la letra).

Muchas de estas personas eremitas o ermitaños o anacoretas, es lo mismo, eran de origen Judío y tenían muy presente que Dios se manifestó a Moisés en una zarza ardiendo en un lugar del desierto. El monte Horeb. También en el monte Sinaí Dios se le manifestó en lo más escondido y remoto del Desierto. Jesús se retiraba con mucha frecuencia a orar al Desierto. Juan el Bautista se escondía siempre en cuevas, en lo más frondoso de los bosques e inaccesible de los desiertos, comía saltamontes y miel silvestre y vestía una piel de camello ceñida a la cintura y seguramente tenía una cabellera larga sin cortar por su condición de Nazir. O sea, un personaje bastante raro para la Judea de la época gobernada por Roma. Todo esto dio un carácter determinante a esta forma de vida del desierto o eremítica, que dura hasta nuestros días: la austeridad, la pobreza, la plegaria…

Más tarde, en la época cristiana, fue cuando fueron apareciendo los monjes ermitaños más famosos: Santos Padres y Madres del Desierto como Pablo de Tebas, Antonio Abad, Simón, Hilarión, Onofre, Basilio y otros muchos. Lógicamente estas personas siguieron en la misma línea.

Más tarde, con un eremitismo más mitigado y ya en vida de comunidad, aparecieron: San Bruno, San Romualdo, San Francisco de Paula… etc., la lista sería larga…

Hubo también muchas mujeres eremitas en los desiertos como Sta. Sinclética, Eufrasia…
Más tarde nos consta, aquí en Valencia, la presencia de Inés de Montcada, ermitaña, que vivió en los montes de Serra,en las cercanías de la cartuja de Porta-Coeli. Y otros muchos que debió de haber y que ignoro si constarán en el libro de la historia de la diócesis (he leido algo referente a unos ermitaños que vivieron en lo que fue después el monasterio jerónimo de la Murta, de Alcira)… o los jerónimos de Jávea, etc. fueron lugares habitados en principio por ermitaños.

Con estas fuentes, estos orígenes, parece lógico que esta atracción por el austero desierto permanezca en la Iglesia hoy como algo importante para los ermitaños actuales.

Es una vocación especial, para muy pocas personas… ¡claro!…

En nuestros días lógicamente los pocos vocacionados que existimos no vamos a poder imitar a nuestros santos Padres del Desierto al pie de letra pero sí, en la medida de lo posible, tratamos de mantener el espíritu.

Algo muy importante en la vida de cualquier persona es dar respuesta cumplida y vivir una vocación determinada que se puede sentir quizás desde muy temprana edad. Son vocaciones de muy distinto cariz entre las que se encuentran las vocaciones religiosas, que tenemos quizás desde pequeños, desde niños.

Todos podemos comprender lo frustrante que puede ser para una persona no poder hacer realidad la vocación que se tiene para un trabajo determinado o unos estudios determinados, etc. Pues lo mismo puede suceder con la vocación religiosa. La vocación religiosa es un regalo de Dios un don y hay que hacer lo posible por vivirla y llevarla a cabo incluso cuando los demás no te comprendan, o tengas que ir contra-corriente porque, por extraña que parezca una vocación, en ella te va la felicidad.

La vocación religiosa, hoy tan en precario, la concibo personalmente como algo muy extraordinario, y más en nuestros días. No parece muy lógico tampoco que en la actualidad haya muchos monasterios de monjes o monjas y todos muy llenos de vocaciones. O que haya muchos ermitaños en los desiertos... pues ojalá fuera así… pero creo que quizás son tiempos de mas autenticidad y menos cantidad, tiempos de purificación, porque ha habido mucha gente “eclesiástica”en la iglesia quizás sin vocación… y eso puede ser, como comentábamos, muy penoso y perjudicial ¡claro!… quizás sea el tiempo de un replanteamiento, pero nunca de la desaparición de la vida consagrada, sin ninguna duda. Una Iglesia Católica sin vida consagrada no se podría concebir porque la vida consagrada aparece ya en los principios del cristianismo con las Vírgenes Consagradas y los Eremitas.

Una vida consagrada desvirtuada, tibia, desnortada, todavía se puede concebir menos, para eso quizás mejor que desaparezca.

En nuestros días, una vida tan original como la de un ermitaño o ermitaña diocesano, con una soledad sin mitigaciones, sin paliativos, y con carencias de tipo material tan evidentes, resulta sin duda chocante,difícil de entender para la sociedad actual. No es fácil que la gente la comprenda pero, queridos hermanos y hermanas así es, y así es todo el Evangelio, audaz y contracorriente hasta el extremo.

Si nos fijamos en lo que fue la vida de Jesús que nació en un establo en las afueras de Belén, que vivió no más de 33 años, y que su muerte fue tan horrible!… la peor en aquellos tiempos de la Roma cruel: clavado en una cruz que había arrastrado él mismo por las calles de Jerusalén hasta el monte Gólgota o Calvario… pues con esto ¿que conclusión debemos sacar sus seguidores… religiosos-religiosas actuales? Pues como hacían los ermitaños de entonces no puede ser otra conclusión, y es que se tenga como referente la senda estrecha… seguida por Jesús y preconizada en los Evangelios, otra cosa no resulta lógica.
Cuando el Señor nos dice: no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores…

"No son los sanos los que necesitan al médico sino los enfermos"…

Los pecadores, los publicanos, leprosos, pobres samaritanos, paganos y mujeres prostitutas, etc.,… a estos he venido a buscar…

¡Claro! Esto fue toda una odisea y una audacia. ¡Cómo iba a entender el judaísmo de entonces todas estas declaraciones que iban en contra de sus doctrinas!.

Así, él mismo, fue tratado como un malhechor. Un loco temerario.

Se le acusó de todo, comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores, marginados de toda índole.

Pero Él, no se escondió, no huyó de toda esta plebe que eran la vergüenza de todos. No los ignoró ni les dio la espalda… sino que dijo: estos son mis predilectos: Pablo de Tarso, un perseguidor de cristianos, Pedro, un cobarde que le negó… María de Magdala, una pecadora... etc.,…

Valiente y audaz, la opción de Jesús por los marginados que yacían tirados al borde de los caminos de la vida.

Toda esta doctrina de Jesús, aunque tiene 2000 años, no se puede olvidar en la iglesia de hoy, sigue siendo muy actual, debe ser lo más importante: LA CARIDAD, este es el espíritu indiscutible del cristianismo, entonces y ahora, y esto es lo que no puede cambiar. Pero quizás esta caridad no debe quedar reducida a las Hermanitas de la Caridad u otras congregaciones especializadas, necesita ser practicada POR TODOS: clero, obispos, cardenales, gente encumbrada… etc., y apoyada por una ascesis.

Los trabajadores de la MIES necesitan también del DESIERTO donde hacerse fuertes en el espíritu. El Desierto está ahí, Jesús iba al Desierto a orar, los apóstoles, Juan el Bautista nunca dejaron de frecuentar el Desierto. Iban a encontrarse con el Dios de Abraham, Isaac, Jacob y Moises… para luego poder reunirse con el pueblo y ofrecerles la paz y el sosiego espiritual que el pueblo necesitaba. Y nadie puede dar lo que no tiene.

¿Por qué el Desierto puede ser actual y necesario para la Iglesia de hoy?... pues sencillamente porque el espíritu es imprescindible para evangelizar eficientemente, aunque parezca una desfachatez nuestros tiempos,nuestro mundo está necesitado de Dios. El mundo necesita redescubrir la vida espiritual, el alma del ser humano y de las cosas.

Y esta labor corresponde a la Iglesia y sus VIÑADORES: sus sacerdotes, sus religiosos/as especialmente, y a los laicos también por lógica.

El mundo de lo material con sus secuaces está ganando la batalla, nos están arrancando a DIOS de nuestras vidas, mezclando "los poderes de la política y el dinero" con la Iglesia de Jesucristo.

La vida placentera del consumismo ¿ha contaminando también a los eclesiasticos/as? ¿Está quedando todo lo espiritual en mera palabrería vacía sin espíritu?...

Pues quizás sí. El hedonismo puede cegar nuestros carismas sin darnos cuenta de ello. Y todo esto es porque ha desaparecido "el Desierto", la oración, la meditación, la reflexión en la vida de la Iglesia, la senda estrecha. Y pronto ya no habrá retorno.

Lamentablemente el materialismo está ganando la batalla, y que conste que lo que digo no es añoranza de unos tiempos (tridentinos) y unas formas que ya pasaron y nostálgicamente queremos recuperar. NO… no es eso. Se trata de no perder algo esencial, la espiritualidad Cristiana y los Carismas de la Iglesia que eso, insisto, no cambia, lo dice la santa de Ávila (Dios no se muda). Consagrados y consagradas (frailes y monjas, monjes, clero secular...) lo nuestro es esencialmente la espiritualidad cristiana que no varía y es la que es entonces y ahora y es la que mantiene el resto del edificio que somos cada uno de nosotros... No estoy defendiendo "la tradición" de la iglesia en sus formas y maneras. Estoy defendiendo la CARIDAD básica, la senda estrecha, el desierto imprescindible y básico también para la guarda de la espiritualidad.

Cuando alguien llama a nuestra puerta y no le abrimos, cuando vuelve a llamar y no le abrimos, cuando permanecemos cerrados ante el sencillo, el pobre, el desvalido… estamos negando a Cristo. Después, por mucho que prediques, serás un ser vacío ridículo, penoso.

La vida eremítica providencialmente ha reaparecido.. ¿nos viene a recordar esta realidad ?…

Los eremitas somos los últimos, quizás los más "sencillos", insignificantes miserables e indignos quizás, pero no nos fijemos en el personaje, en el ermitaño de nuestros tiempos, pensemos en por qué están los eremitas hombres y mujeres hoy aquí. Creo que no es casual.

El Señor escogió en su tiempo, no lo olvidemos, a los últimos: la gente sencilla incluso impresentables, pecadores, lo más bajo de aquella sociedad para dar a conocer su voluntad y su mensaje.

Amigo, Hermano/a… te invito a que no dejes de dar testimonio de Jesús… aunque quizás te pueden decir: estás loco, o tú testimonio no sirve porque eres un "pecador", o no tienes doctorados ni licenciaturas, no sabes hablar…

Aunque te sientas "sencillo", pecador y pobre socialmente, no dejes de contar y proclamar las MISERICORDIAS de DIOS. Que tus fallos, tus desvaríos no te paren, para Dios nunca serás un indigno… Él no mira las apariencias, mirará tu corazón. Y tengamos en cuenta una gran realidad: lo único que puede llenar nuestros vacíos es Dios lo demás, TODO, pasa todo se acaba.

Nunca pienses que Dios es una historia de fachas, de viejas o de ignorantes, o de altaneros prepotentes que se creen en posesión de la verdad. Dios es una realidad en ti, es una ayuda, un amigo que nunca te va a fallar en tus días difíciles, porque Dios está dentro de ti, sí, en tu corazón y es AMOR… amor puro.

Quizás esto lo habrás oído infinidad de veces, pues bien, te lo repito: con Dios vivirás más feliz. Afrontarás mejor los problemas de la vida.


Daniel Martí Mocholí, eremita diocesano. Valencia.

E-mail : danielmarti.mocholi@yahoo.es

viernes, 22 de marzo de 2019


LA OFRENDA DE LAS FLORES

EN LAS FIESTAS DE SAN JOSÉ EN VALENCIA


Viendo la ofrenda de las flores en estas fiestas Josefinas de 2019, (por la TV) he podido ver y apreciar como cada año,con todo detalle, la FE que reflejan todos y todas la falleros/as que pasan desfilando por delante de la Virgen. Estoy seguro que muchas de estas personas no practicarán la religión con asiduidad, pero la FE y la devoción se refleja en los ojos de todos. Se refleja en los ojos y en su semblante y en toda su persona, es como una especie de aura, y es qué, la Virgen como buena madre quiere a todos por igual, practiquen o no, porque todos los corazones de todos los valencianos están unidos siempre al de la “SEUA MARETA, molt volguda y boniqueta”, aunque a veces parece que pasamos de la iglesia, pero de la Virgen, estoy seguro, que no pasa ningún valenciano.

Observo a estos falleros y falleras que se han acicalado con sus preciosas vestimentas para la ocasión. Observo que son vestimentas de pura tradición y gran belleza, riquísimas en colorido de sedas y estampados espectaculares, encajes preciosos que son mantillas que cubriendo la cabeza de la mujer se descuelgan por encima de los hombros hasta la altura de los tobillos y se adecuan en tamaño y color según la mujer sea soltera, casada o viuda; todo en estos detalles tiene un porqué.

Igualmente los hombres tienen una variadísima gama de vestimentas para según la ocasión y el estado de cada uno. Y también con una gran variedad de modelos y coloridos preciosos.

Este acto de la ofrenda es algo espectacular,quizás irrepetible en el mundo. Es un espectáculo religioso de suma belleza y colorido que quizás solamente se pueda ver, como devoción a la Virgen, aquí en Valencia.

Esta ofrenda se realiza la ante-vispera y la víspera de San José (dos días seguidos) de cuatro de la tarde hasta la madrugada cada uno de los días. Los aproximados 110.000 (este año) falleros/as, 7000 músicos de las innumerables bandas contratadas de todos los pueblos, desfilan ambos días ininterrumpidamente acompañando a cada falla. Una explosión de música, color, flores y mucha pólvora; a los valencianos les gusta su olor, el olor de la pólvora les enardece, y les gusta sentir temblar el suelo bajo sus pies. Somos los valencianos gente singular en este sentido, amamos la pólvora como sano disfrute.

Se me ocurre pensar que si fueran vestidos con sus vestimentas actuales, normales de calle, esto quizás no sería lo mismo, o sea, hay una buena relación entre fe y tradición, sin lugar a dudas.

En los objetos y aderezos y joyas que lucen no faltan los objetos religiosos: crucifijos, rosarios, medallas, mantillas, etc., y que cuando llegan a la plaza de la Virgen, al encontrarse de frente con ella; después de la larga caminata y horas de espera por motivos de la organización de tantos miles de personas, muchos de ellos cargados con sus hijos e hijas pequeños que llevan en brazos o de la manita porque apenas caminan, personas enfermas, lisiadas con sus sillas de ruedas…. Todos… cuando llegan a la plaza y se encuentran de frente con ella, con la Virgen, majestuosa vestida de flores, ocurre lo lógico: es el gran encuentro con la madre, la virgen amantísima les recibe y les regala con ese DON PRECIOSO que es el DON DE LÁGRIMAS: todos lloran, unos físicamente y otros en sus corazones, y la Madre les acoge con su dulzura y amor y ese don de lágrimas que es, una gran y gustosa sensación del espíritu, que disfrutan estas personas….. y repiten como susurrando entre lágrimas “MARETA, MARETA, ampàramos”ES UNA ORACIÓN PRECIOSA PARA LA MADRE...


Daniel Martí Mocholí

domingo, 3 de marzo de 2019


VIDA EREMITICA DIOCESANA


(Visión particular de un Ermitaño Diocesano)


    Estimados amigos, los que queriendo o quizás por casualidad os habéis tropezado con este blog. ¿Os imagináis qué es un Ermitaño Diocesano, ahora, en nuestro tiempo actual, con la que está cayendo?... Igual no y, si tenéis alguna noticia, posiblemente no sea muy exacta.


    Un servidor, soy (inmerecidamente) uno de ellos, un Ermitaño Diocesano.


    Me he sentido impulsado a escribir sobre este tema movido por el gran desconocimiento que observo existe sobre esta realidad, de la que parece nadie sabe o muy pocos quieren saber nada. Porque aun la gente de Iglesia o gente muy formada y culta en temas religiosos suele desconocer o ignorar qué es o en qué consiste esta forma de consagración tan primitiva.


    Os escribo (no lo puedo hacer de otra manera) poniendo como base la sencillez y la sinceridad, de modo que resulte comprensible y creíble para todas las personas, aun las menos iniciadas en estos temas y también porque un servidor no sabe escribir de otra forma.





EL EREMITISMO DIOCESANO EN LA IGLESIA ACTUAL


    Os quisiera hacer esta presentación del tema, como os decía, desde la sencillez, pero también desde la condición de SER HUMANO. Quiero decir: con los pies puestos sobre el suelo, aunque de hecho los eremitas caminemos o intentemos caminar por las sendas del espíritu.


    Lo que sí es cierto es que los ermitaños (al menos los que conozco) no solemos estar "nada encumbrados", no estamos en las nubes. Caminamos por esta vida pisando la tierra bien fuerte, conscientes de nuestra condición humana, de la que no queremos ni podemos prescindir.


    Tampoco queremos estar al margen de la sociedad en la que nos ha tocado en suerte vivir, con su realidad tanto positiva como negativa. Somos conscientes de esta realidad y también de nuestra labor espiritual ante el materialismo que amenaza constantemente con absorbernos a todos hacia un consumismo y un bienestar exacerbado, hedonista y, peor aún, hacia el pasotismo frente a las desigualdades sociales o económicas de las personas que nos rodean.


    Desde esta visión de la realidad tan palpable y con deseos de ayudar espiritualmente al mundo, hay personas que se deciden a entregar sus vidas en servicio de los demás, intentando hacer ver a sus congéneres que la vida y la materia se acaban pronto, que TODO PASA (como decía Sta. Teresa) y que el espíritu no muere, y que, aún en este mundo, cultivar nuestra vida espiritual es, o puede ser, un modo eficaz para ser feliz.


    Un buen coche, las ropas con etiqueta de lujo, etc. pasan... Nosotros mismos, en unos años, nos acabamos, nos llenamos de arrugas... y al final nos hemos dado cuenta de que HEMOS VIVIDO EN LA SUPERFICIE, poniendo todo el interés en algo que se ha acabado.


    LA VIDA EREMITICA es una forma de consagración a Dios basada principalmente en la soledad, austeridad radical, trabajo y oración continuada por los demás. Con estos objetivos sólo necesitas lo más imprescindible, lo insustituible en esta vocación, DIOS y los DEMÁS, tu prójimo; sin amor al prójimo esta forma de vida no tendría ningún sentido.


    ¿Os imagináis a un monje en un monasterio o a un ermitaño en el desierto cuyo objetivo principal no fuera DIOS y el PRÓJIMO?...


    Pues desde esta realidad, que es VITAL, ESENCIAL, la persona se debe proyectar hacia los demás. Los demás que, con DIOS, son el objetivo absoluto de toda vocación religiosa, activa o contemplativa. Fuere cual fuere nuestra vocación, debe ser vivida en obsequio de Jesucristo y POR y PARA los demás, nuestros semejantes. El ermitaño ES y se DEBE a su prójimo, con absoluta preferencia por los más desgraciados, los más necesitados.


    Con este objetivo, los ermitaños y las ermitañas hemos sido llamados, invitados por ÉL, el SEÑOR, a seguir una forma de vida DURA, porque no son fáciles estos caminos del desierto y de la soledad. Estos caminos no suelen converger con los caminos del mundo, que es donde vivimos y donde nos movemos. Un mundo que no te va a comprender.


    Sin duda el camino de los eremitas es áspero, pero... ¡qué no haremos! ¡qué no intentaremos hacer por el Señor y por los pobres indefensos de este mundo! ¡por nuestros enfermos, por nuestros marginados, desposeídos, solos! ¡qué no intentaremos hacer por ellos! ¡qué no haremos para que todo nuestro vivir sea una continuada plegaria y alabanza a Dios! El Señor nos llamó un día y aquí estamos. Decir SÍ al Señor es el mayor regalo que puede recibir un ser humano.


    ¡Ay! ¡qué pobres y torpes seríamos los ermitaños si todo nuestro esfuerzo y sacrificio no tuviera otro fin que nuestro propio EGO, nuestro INDIVIDUALISMO, nuestro amor propio, nuestro orgullo, o peor, nuestro narcisismo patológico! Señor, líbranos de este pecado, líbrame a mí como ermitaño, pero también al resto de los monjes y religiosos y cristianos fieles de la iglesia, a todos tus seguidores líbranos del egocentrismo, del exclusivismo, de la intolerancia... que tanto nos separan de tu PALABRA, de tu MENSAJE de IGUALDAD, de JUSTICIA y de AMOR.


    El amor no puede ser nunca egoísta, ni exclusivista (si es auténtico), ni mucho menos individualista. El amor y el individualismo son totalmente antagónicos. ¿De quién se puede enamorar un individualista?... pues sólo de sí mismo, y no es el caso de los consagrados a Dios, cuyo amor se desborda para abarcar a toda la creación.





APARICIÓN DE LA PRIMERA FORMA DE CONSAGRACIÓN A DIOS

VIDA EREMÍTICA


(Ermitaños y Ermitañas)


SIGLOS III y IV DE NUESTRA ERA


    En las zonas desérticas de Siria, Palestina, Egipto, en estas épocas se está llevando a cabo un movimiento religioso-cristiano basado en una radical forma de vida: alejamiento de las zonas más pobladas hacia las zonas más escondidas de los desiertos. Se busca la austeridad extrema de vida, el silencio y la oración. Son hombres y mujeres de distinta condición social.


    ¡¡Qué pretendían estas personas!! Pues ellos seguramente no pretendían nada, al menos algo que fuera importante; querían, sin lugar a dudas, desaparecer de aquella cruel sociedad romana para encontrarse con el espíritu del AMOR de Jesús el Cristo, que había muerto cruelmente clavado en una cruz y que les había cuestionado los corazones hasta tal punto que se sentían impulsados hacia el desierto. Sin duda, querían imitarle en el sufrimiento, imitarle también en los tiempos en que Jesús también se retiraba al desierto para encontrarse con el Espíritu del Padre Dios.


    Pero… ¡paradojas de la vida! Dios, sin duda... tenía otras pretensiones sobre estas personas porque serían, iban a ser, LAS RAÍCES de un árbol frondoso: la vida religiosa, que a partir de aquí se iría desarrollando con ellos en los siglos venideros.






EVOLUCIÓN DE ESTA FORMA DE VIDA


    En el primer escalafón en la evolución de estos primeros ermitaños de los Desiertos están las agrupaciones llamadas LAURAS. (En idioma griego, la palabra LAURA significa camino estrecho, barranco, angosto...).


    ¿Qué fueron las Lauras? Las lauras fueron agrupaciones de ermitaños.


    La soledad absoluta ofrece dificultades a veces insalvables: enfermedad, ancianidad, acoso de bandoleros y malhechores etc. Ante estas dificultades o problemas surgió la necesidad del agrupamiento para tratar así de paliar el gran desamparo que, a pesar de su buena voluntad o disposición, podía sufrir un ermitaño en su soledad en esa inmensidad del desierto.


    Así, de la soledad absoluta, se pasa, se fue pasando, a compartir lugares, con chozas y refugios independientes.


    Porque la vida eremítica no ha comportado nunca imprescindiblemente la soledad absoluta del ermitaño, ya que muchos de estos primeros padres del desierto eran en ocasiones asistidos o acompañados por algunas personas o discípulos. No obstante esto, se empezaron a unificar, especialmente para hacerse más fuertes ante el acoso constante y peligroso de malhechores que les robaban y atemorizaban.


    Por unos u otros motivos, el caso es que, de la soledad absoluta y el aislamiento, se pasó a compartir lugares y espacios.


    Las ermitas se construían ya cerca unas de otras, separadas entre sí, de forma y manera que no vivían juntos, pero sí cerca.


    En el centro de estas agrupaciones se construía una Iglesia o capilla, que era el centro de reunión para los oficios litúrgicos de los domingos o festividades solemnes, para la recitación de los salmos esencialmente en el DOMINGO, día grande por excelencia dedicado a la alabanza y a la comida en común, y por supuesto a la recreación y la parleta, que era el hablar, el cambiar impresiones, etc.





DESPUÉS DE LAS LAURAS, APARECEN LOS CENOBIOS O MONASTERIOS: SIGLOS IV y V


    Con esta evolución y desde el tiempo de las LAURAS, apareció una nueva forma de vida mucho más comunitaria. Surgieron comunidades mucho más organizadas en edificios mucho más consolidados... apartados generalmente de los lugares habitados.


    Surge y se establece la figura del Abad o Prior, como superior y cabeza de la comunidad, y se establece también la observancia común de unas leyes o REGLA. También se empieza a vestir de forma uniforme (hábito), con las distinciones pertinentes entre distintas clases o categorías de monjes: Padres los sacerdotes, Hermanos legos los no sacerdotes y, en muchos casos, los Hermanos donados, que no solían hacer votos, pero vestían una especie de hábito y eran los últimos de la fila...


    En esta época, esta nueva forma de vida MONACAL se extendió con mucha celeridad por todo Oriente y Occidente, llegando a establecerse en Inglaterra, Irlanda, Francia, etc., donde estos monjes tuvieron una capital importancia por todo lo bueno y positivo que aportaron a la sociedad, en aquellos tiempos bastante paganizada y en muchos casos sumida en la barbarie.


    Tuvieron capital importancia en toda esta obra, en lo que se refiere a la extensión del monacato, ermitaños como San Antonio Abad, San Benito... entre otros.





APARECE UNA NUEVA FORMA DE VIDA: LOS FRAILES MENDICANTES


    Dentro de esta evolución, después de los monjes y monjas pertenecientes al monacato, aparecieron en la Iglesia unos consagrados a los que se les conoció como FRAILES. Esta variante o escisión de la vida monacal fueron y siguen siendo las importantísimas ORDENES RELIGIOSAS MENDICANTES. Procedían del monacato y algunas de ellas procedían directamente de los Ermitaños; por ejemplo, los Ermitaños de Santa María del Monte Carmelo, que vivían en el Monte Carmelo junto a la fuente de Elías. Actualmente convertidos en la Orden de Frailes Carmelitas. También en este sentido, están los Ermitaños de san Agustín, actualmente Frailes Agustinos, etc.


    Por tanto, estos no eran ya monjes, sino que fueron conocidos ya como FRAILES. Ya no vivían en monasterios, sino que sus casas se llamaron CONVENTOS. Estaban y están enclavados dentro de las ciudades y los pueblos, y se encargan de la atención directa de la gente a través de parroquias, casas de espiritualidad, etc. En definitiva, viven entre el pueblo y para atender al pueblo fiel en sus necesidades tanto espirituales como materiales.





OTRA VARIANTE: LOS RELIGIOSOS Y LAS RELIGIOSAS


    En los Siglos XIX y XX, ya en plena edad moderna, nos sorprende lo que parece una nueva primavera para la vida religiosa en la Iglesia, y es el espectacular florecimiento de muchas congregaciones religiosas, tanto masculinas como femeninas, aunque más abundantes las femeninas; son congregaciones para la VIDA ACTIVA. Se vuelcan en la atención de los más necesitados y menesterosos.


    Los fundadores y fundadoras, inspirados por el Espíritu Santo, parece quieren cubrir todas las necesidades de los más necesitados: orfanatos, hospitales, psiquiátricos, colegios, escuelas, madres solteras, asilos para ancianos, etc.


 Estos consagrados son denominados simplemente RELIGIOSOS/AS.


    No pertenecen al monacato, no pertenecen a las ordenes mendicantes, sino que fueron fundados como congregación religiosa DE VOTOS SIMPLES (aunque el pueblo fiel les llame: frailes y monjas, lo más preciso sería: religiosos y religiosas).


    Ha sido muy eficaz la labor que han desarrollado estas congregaciones DE VIDA ACTIVA O DE APOSTOLADO entre la sociedad.





LOS INSTITUTOS SECULARES


    Mucho más recientes en el tiempo son los institutos seculares. Los hay masculinos y femeninos. Son personas Consagradas al servicio del apostolado directo entre y para el pueblo de Dios.


    Sus miembros no son considerados por la iglesia como RELIGIOSOS. Son LAICOS consagrados. Pueden vivir en comunidad, o bien, en sus propios domicilios con su familia. Mantienen sus trabajos habituales. La labor que realizan es en sus lugares de trabajo o allá donde se desenvuelvan de forma habitual.


     Más o menos a GRANDES RASGOS y de forma simple y superficial, para que todos lo podamos comprender, he intentado haceros un relato de la EVOLUCIÓN de la vida religiosa a partir de los primeros ERMITAÑOS/AS de los desiertos de Siria, Palestina, Egipto, hasta nuestros días en que, por desgracia, estas formas de vida parece que están en franca decadencia.


    Quizás la "modernidad" nos ha hecho olvidar lo esencial de la vida del Espíritu y la religión.


“Hoy no tenemos religión porque no tenemos amor.” (García Lorca)


    Así, hemos dado un repaso desde los principios en los SIGLOS II y III con:  



·         LOS ERMITAÑOS DEL DESIERTO


·         LAS LAURAS (Agrupaciones de ermitaños)


·         EL MONACATO (Monasterios)


·         LAS ORDENES RELIGIOSAS MENDICANTES (Frailes)


·         CONGREGACIONES RELIGIOSAS (Vida activa)


·         INSTITUTOS SECULARES (Laicos consagrados)


    TODOS siguen estando presentes en la Iglesia, aunque a veces nos pasa desapercibida su presencia porque, quizás lamentablemente, se han ido despojando de sus señas externas de identidad. Todos, incluso Monjes, Frailes, etc., incluso monjas y religiosas, han optado por pasar desapercibidos, privando así al pueblo fiel del mero testimonio de su presencia por las calles, que a mi humilde e insignificante modo de ver podría ser muy importante en nuestros días.


    Es cierto que el testimonio se debe dar, desde dentro, con el ejemplo, pero a veces no lo damos, y tampoco damos el testimonio de la simple presencia, de imagen, al que hoy la juventud da mucha importancia porque valoran la valentía de cada persona que tiene la personalidad de mostrarse ante los demás según sus convicciones, sin importarles lo que los demás puedan pensar ni si les gusta o no la forma de vestirse o de pintarse o el corte de pelo que pueda llevar. Los jóvenes de hoy visten con mucha libertad. Sin embargo, los religiosos no han sabido leer este mensaje por parte de los jóvenes, que es claro.


    Volvemos a retomar el tema de los ermitaños porque de esta evolución que hemos hablado, la vida eremítica quedó DESCOLGADA, podemos decir: sufrió un grave percance con la celebración del concilio de TRENTO, en el siglo XVI.





CONCILIO DE TRENTO (1545 – 1563)


    Este concilio trató el tema de los ermitaños y abrió caminos o posibilidades que daban pie a la supresión y disolución de la Vida Eremítica Diocesana, que en sus formas más o menos originales todavía estaba presente en la Iglesia como un Carisma más de la Vida Consagrada.


    También propició un nuevo estado más restrictivo imponiendo las dobles y espesas rejas y las clausuras papales para toda la vida religiosa femenina, suprimiendo también las congregaciones religiosas de votos simples.


    Lo cierto es que, a partir de este concilio, los ermitaños se vieron en la necesidad de incardinarse en las órdenes religiosas existentes o colgar sus hábitos y marcharse a sus casas. Algunos obispos no permitían su presencia en sus diócesis y hubo curas párrocos en los pueblos que les negaban habitualmente la confesión (existe documentación escrita). Al amparo de estas insinuaciones de Trento se les cerraron muchas puertas.


    Ante esto hubo de todo, los hubo que ingresaron en los monasterios y conventos y los hubo que siguieron como ermitaños en sus ermitas como siempre, pero al margen de la legalidad eclesial. La Iglesia no los reconocía ya como consagrados. Estos que se quedaron pasaron a la ilegalidad o marginalidad porque fueron ignorados, aunque de alguna forma en algunos obispados se les toleraba.


    Hay que decir siempre, en honor a la verdad, que bajo la capa del eremitismo siempre se han refugiado personajes peculiares: iluminados, vividores, gente que utilizaba la religión como negocio rentable, integristas, fanáticos, pedigüeños profesionales, etc.


    Pero, como es lógico, también había gente buena y con buenas intenciones, con afanes honestos de caminar con ansias de superación de sus propias miserias (que todos tenemos) y de hacer de sus vidas una entrega absoluta al Señor, y que han dado mucha gloria a Dios y a la Iglesia con santos importantes y populares que todavía se veneran hoy en muchos pueblos y ciudades de España.


    No obstante, el ermitaño siempre ha sido y es el gran desconocido en la iglesia.


    En algunas ocasiones, posiblemente hayamos oído hablar de esta forma de vida, pero quizás siempre con alguna reticencia porque eso de "ermitaño" nos suena a rareza sospechosa... como si la palabra ermitaño siempre fuera acompañada de un signo de interrogación (?)... y posiblemente puede resultar bastante lógico, ya que han sido siglos de repudio por parte de la Iglesia, y eso al final cala.


    De repudio y de infortunio, de penalidades, las que han tenido que sufrir las personas que, por VOLUNTAD DEL SEÑOR, recibían esta vocación.


    Porque, ciertamente, era una forma de vida ilegal, fuera del derecho Canónico, pero, sin duda y contradictoriamente, el Señor ha seguido llamando a las personas a seguir por este camino que quedaba difuminado e imperceptible ante los ojos de la Iglesia y de los hombres, porque, como he dicho, eran menospreciados e indignos de toda consideración.


    Para más desgracia, el Código de Derecho Canónico de 1917 les excluyó, les borró.





CONCILIO VATICANO II


    A pesar de estas realidades que hemos expuesto, y por voluntad de Dios, en este Concilio Vaticano II se trató y se defendió el RESURGIR o reconocimiento oficial nuevamente de este CARISMA importante de la Iglesia.

    Se eliminó la prohibición o desaparición del carisma en el Derecho y se volvió a instaurar la VIDA EREMÍTICA con el canon 603 del código con toda la legalidad de un Concilio.

    Así se pone claramente de manifiesto que las leyes de los hombres no mandan sobre el espíritu, y de nuevo se hizo la LUZ para este Carisma, sin duda como voluntad divina.

    ¿Demasiado tarde para unos tiempos en que la vida consagrada está en crisis profunda? Pues no lo sabemos. ¿Quiere el Señor que recomencemos desde los orígenes? Pues ¡quién sabe cuáles son los planes de Dios…! Lo que si es cierto es que los y las eremitas fuimos los orígenes, la génesis de la vida consagrada y aquí estamos 2000 años después; parece muy significativo.

    Personalmente me conformaría con qué, en esta crisis terrible que estamos viviendo, por cada monasterio que se queda vacío se pudiera quedar una "alma solitaria" como presencia eremítica, o un pequeño grupito audaz de personas con auténtica hambre de Dios; sería menos triste que ver un monasterio convertido en un restaurante de lujo, o en un hotel.

    No me valen hoy las comunidades numerosísimas mientras que otros monasterios se cierran por ser pocas vocaciones, no lo comprendo.

    El Concilio Vaticano II nos dice que la vida consagrada, en TODAS SUS FACETAS, es una de las tres grandes vocaciones eclesiales que configuran la vida cristiana. No pertenece a la estructura de la iglesia, pero sí a su santidad, y esto significa que está en el corazón mismo de la Iglesia, como elemento decisivo para su misión, ya que "indica la naturaleza íntima de la vocación cristiana" y la llamada a la santidad.

    Los eremitas o ermitaños, pertenecemos a la vida consagrada de la Iglesia y siempre le damos gracias y sobre todo por su Concilio Vaticano II, porque de nuevo nos ha abierto sus brazos para acogernos a los ermitaños y ermitañas como hijos muy queridos, porque para una buena madre todos sus hijos e hijas son muy queridos.

    Esperemos que sea por muchos años y nosotros los eremitas diocesanos no le defraudemos nunca.

    Después del Concilio Vaticano II, la vida eremítica está como recomenzando. Las personas que hemos sido llamadas a caminar por estas sendas (legalmente) no lo tenemos nada fácil. Nos encontramos problemas en algunos obispados bien porque hay falta de sacerdotes, bien por desinterés u otras causas. El caso es qué no lo tenemos fácil. No ocurre esto en todos los obispados, pero sí en muchos de ellos. Los Vicarios Episcopales para la Vida Consagrada suelen tener que compaginar el cargo con otros cargos y lógicamente para estos asuntos casi "no tienen tiempo" y apenas cumplen con lo más indispensable, y aún gracias.

    Los ermitaños somos conscientes de esta realidad, pero el Concilio encomendó esta forma de vida a los obispos, y los obispos suelen estar muy recargados, es comprensible.

    Posiblemente debiera nombrarse un responsable o protector con autoridad suficiente desde la Conferencia Episcopal para todas las vocaciones eremíticas que pueda haber en España, sobre todo en la atención de las posibles vocaciones que pudieran surgir, que si surge alguna no hay quien las atienda. O al menos, si escribes una carta a algún superior que se digne contestarte, porque a veces ni siquiera "un acuse de recibo"... recibes.

    Hace falta un coordinador con este cargo. Sería muy importante.

  Somos conscientes por experiencia de esta realidad, por eso personalmente veo que es importante la   COMPAÑIA Y AYUDA de la Iglesia Diocesana, según nos dice el Derecho Canónico. No se puede, no podemos, ir solos por el Desierto de esta vocación sin la compañía y la ayuda de la Iglesia Jerárquica. Somos conscientes de esta realidad y por eso la manifiesto.

    Habitualmente los ermitaños vivimos solos, pero suele llegar el momento en que por vejez o enfermedad... u otros motivos, ya no se puede vivir solo, por eso la conveniencia de procurar la compañía o cercanía de otras personas, si las hubiera, con la misma vocación, una coordinación.





EL ERMITAÑO UNA FIGURA PRIMITIVA


    Sí, ciertamente es una forma de vida anclada en lo más profundo de la tradición, pero su mensaje, su misión, es esencial aún hoy: la plegaria, la austeridad de vida, la alabanza continuada a DIOS... SON LA BASE, LAS RAÍCES de las que nunca podrá prescindir este gran árbol que es la Iglesia. Tampoco se va a poder prescindir de las COSAS BUENAS DE LA TRADICIÓN del cristianismo.

    Por eso creo que fue un acierto del Concilio Vaticano II, en este regreso, este recordar los inicios espirituales de la Iglesia que son los santos Padres del Desierto y el eremitismo.

    La oración, el retiro a la soledad, el ayuno, la alabanza divina, la austeridad de vida...

    Si la iglesia se olvida de esto, seguro, espiritualmente, las cosas nos irán muy mal.

    La iglesia será todo menos IGLESIA DE DIOS, IGLESIA DE CRISTO. La Iglesia no puede prescindir de sus orígenes. El Señor oraba continuamente. San Juan Bautista oraba en los desiertos, son nuestros orígenes y no los podemos olvidar.

    La soledad del ermitaño, bien entendida, no la automarginación egoísta, si es querida y aceptada, esta soledad es, puede ser, una preciosa forma de vida, y más cuando se vive con naturalidad, en respuesta y obsequio de DIOS, en comunión con la Iglesia y para bien de los hermanos.

    El eremita, en su soledad, no vive su consagración solo, sin duda está unido espiritualmente a la IGLESIA (con mayúsculas), a la creación entera, el ser humano es su debilidad y por él a entregado por completo su existencia.

    No se puede vivir solo en una ermita mucho tiempo sino es por y para Dios.




Daniel Martí Mocholí


Ermitaño Diocesano (Valencia)

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